Se inauguran las XVIII Jornadas Literarias

IMG_6535En la noche de ayer 20 de julio se inauguraban la edición número 18 de un evento imprescindible en el panorama cultural del verano de Villanueva de los Infantes. Así lo reconocía Encarni Navarro, Concejala de Cultura del consistorio infanteño, quien se manifestó decidida a seguir apoyando el trabajo de la Asociación Cultural Luciérnaga. Por su parte, la nueva presidencia de esta asociación, Saray Ferrer, agradecía este apoyo, al tiempo que daba las gracias a los miembros de Luciérnaga por pensar en ella para presidir la asociación.

IMG_6569Los encargados de inaugurar esta edición de las Jornadas Literarias venían de la mano de la Fundación Pepe Buitrago y el Centro Dados Negros. Tres artistas jóvenes que ganaron el programa de Residencias Artísticas 2016 que organiza y financia esta fundación, en el que los tres artistas llevan  cabo su proyecto artístico, en este caso sobre Villanueva de los Infantes. Los argentinos Delfina Margulis y Martín Heredia presentaron “Paisaje y perspectiva: Construcción de identidad cultural”. Alvaro Talavera, de Murcia, presentó “Entre Corchetes”.

Las Jornadas continúan hasta el próximo domingo 24 de julio.

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Entrada de prueba

Hola, estamos probando el blog después de unos largos meses de ausencia. Estrenamos web y comenzaremos con nuestras entradas periódicas en el blog.

Hasta pronto.

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Cinco nueva palabras para el idioma español propone autor de El retorno de Don Quijote

 

Nueva Portada de El Retorno de Don Quijote en AmazonEl autor de la novela El Retorno de Don Quijote, Luis Manuel Escalante, acaba de proponer ante la Real Academia Española y la Academia Venezolana de la Lengua, cinco palabras para el idioma español, con el objeto de llenar lo que él considera algunos vacíos conceptuales.

Los términos sugeridos constituyen el producto de las observaciones, estudios e investigaciones realizadas por Escalante a lo largo de 45 años, quien estima que ya es tiempo de sugerirlos para que sean de uso público, según se desprende de su comunicación enviada a ambas instituciones.

Luego de la respectiva exposición de motivos y la composición etimológica de cada uno de los términos sugeridos para que sean incluidos en el Diccionario de la Lengua Española, el autor de la referida novela, por ahora disponible solo en internet a través de http://www.amazon.com/dp/B014OX6070, hizo una síntesis de  su propuesta, con el objeto de estimular el uso de las nuevas palabras.

Las expresiones sugeridas por el periodista y docente, ante la Real Academia Española y a su correspondiente en Venezuela, su país natal, son:

Agrinatura: (sus. f.) producción vegetal que se da en algunos terrenos, especialmente patios y jardines, sin ningún tipo de atención y que en algunas ocasiones pueden llegar a ser comercializables.

Erocita: (adj. n.) Personas que sienten amor por sus comunidades y luchan por ella en distintas áreas sin ser funcionarios públicos, ni aspirar a un cargo de esa naturaleza.

Parlópata: (adj. m.) Persona que siente placer por hablar siempre de hechos negativos y afecciones de salud.

Parlopatía: (adj. f) síndrome que afecta a algunas personas quienes solo se sienten a gusto hablando de hechos negativos, problemas y de enfermedades.

Vigioniris: (sus. n) Instante que separa el estar despierto del estar dormido y que de ser perturbado podrían afectar el humor de las personas.

Tres de las palabras antes expuestas fueron incluidas en El Retorno de Don Quijote, obra que narra las aventuras de dos neurocirujanos que pudieron traer a nuestros tiempos la memoria del personaje que sirvió de inspiración a Don Miguel de Cervantes Saavedra, y por cuyo intermedio –gracias a rigurosas investigaciones- es reivindicada la ciudad de Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real, España como “aquel lugar de la mancha” nombre que no quiso acordarse el ilustre escritor, de quien se cumplirán 400 años de su desaparición física el próximo 22 de abril.

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La familia Hatch ofrecerá un concierto extraordinario de Navidad

CONCIERTO DE NAVIDAD 2015 FAMILIA HATCHEn una anterior publicación os adjuntamos la programación navideña que el consistorio infanteño, a través de las diversas concejalías, ha preparado para todos. En esta programación destaca la solidaridad en forma de sendos actos en apoyo a los niños del Sáhara, con la participación del senador Nemesio de Lara, y el musical “Aladdín” en beneficio de la plataforma “Soñando con Elena”.

Concierto familia Hatch 2

En el apartado musical destaca la vuelta a la escena infanteña de la familia Hatch. Peter a la viola, Paqui al piano y las jóvenes Heidi y Alexis al violín nos volverán a dejar muestras de su virtuosismo en un concierto extraordinario que se celebrará el próximo día 25 de Diciembre a las 20,30 horas en la Iglesia Parroquial de San Andrés. Disfruten y participen de todos estos actos.

 

 

 

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¡¡¡Feliz Navidad!!!

FELICITACION DE NAVIDAD 2015 copiaDesde el Hotel La Morada de Juan de Vargas queremos desearos una muy feliz Navidad a todos. Deseamos también que en el próximo año 2016 estemos cada vez más cerca de acabar con las injusticias que campan en el mundo. Que seamos capaces algún día de acabar con el hambre, con las guerras, con el llanto desesperado de los niños. Que en 2016 nadie tenga que marcharse de su país huyendo de la muerte, que todos seamos más tolerantes con el diferente, más solidarios con el que sufre. Y que todos y cada uno de vosotros encontréis la felicidad en todos y cada uno de los 365 días del año que está a punto de comenzar. 

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Desde Venezuela en busca de Don Quijote

Nueva Portada de El Retorno de Don Quijote en AmazonEl profesor de la Universidad de Caracas, en Venezuela, Luis Manuel Escalante, ha publicado recientemente una novela con Don Quijote como personaje principal. En dicha novela, se menciona especialmente a Villanueva de los Infantes. Con el agradecimiento debido al profesor Escalante, reproducimos aquí una nota de prensa al respecto que él mismo, generosamente, nos ha hecho llegar:

Planteamientos del nuevo Don Quijote coinciden con los del Papa Francisco

El símil de la mano expuesto por Don Alonso, personaje central de “El retorno de don Quijote” (capítulo 22) constituye una clara explicación de la necesidad del respeto y la solidaridad humana en medio de la diversidad, tal como lo ha venido planteando el Papa Francisco.

Así lo manifestó el periodista Luis Manuel Escalante, autor de dicha obra, en la ocasión de informar que a la misma se le han hecho correcciones y mejoras, sin alterar su estructura, ni mucho menos su trama. Esta novela se basa en las aventuras, el esfuerzo y el rigor científico de dos neurocirujanos que en cooperación con otro especialista, dueño y director de una clínica privada, logran rescatar en Villanueva de los Infantes, la memoria del personaje emblemático de don Miguel de Cervantes Saavedra.

Este avance científico permite aclarar una serie de aspectos de la obra original y traer a nuestros días a un individuo que vivió en el siglo XVII, quien regresa dispuesto a enderezar entuertos en un mundo lleno de luces, pero que avanza hacia el oscurantismo.

La obra está disponible en http://www.amazon.com/dp/B014OX6070 y es apta para todo público, dijo su autor.

 

 

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Fallado el premio del I Concurso de Relatos La Morada de Juan de Vargas

El jurado elegido para esta primera edición del Concurso de Relatos de Viaje del Hotel La Morada de Juan de Vargas, compuesto por Pilar Merino Martínez, Mercedes Laso, Joaquín Fernández y José Buitrago, ha decidido que, de los 39 trabajos presentados, el ganador sea el relato titulado “El Hombre del Lunar”, compuesto por la escritora Catalina Micaela Betancur Latorre. Tenemos el placer de reproducirlo aquí de manera íntegra. Disfrutad con su lectura.

El hombre del lunar

Doce de setiembre, último día de su luna de miel; ella preparaba las valijas y él dormía. Emma volvería a casa y les contaría a sus amigas aventuras emocionantes y experiencias que jamás olvidaría pero, por más talentosa que fuera en lo relacionado a la ficción, hubiera preferido jactarse de narrar anécdotas verídicas. No podría hacerlo, sin embargo, porque arriesgaba con ello demostrar que había cometido un gran error y que su buen juicio al elegir marido la había privado de las anheladas fantasías de novia.

Bajo las escaleras luciendo un vestido gris pálido que apenas tapaba sus rodillas, su espalda al descubierto y el cabello castaño atado con una bandana roja. Pretendía mover sus pies descalzos desde el interior de la piscina y observarlos las próximas horas, hasta que su marido se despertara y se dignara a regresarla al confinamiento de la rutina que amenazaba con manchar de nubes la pintura de su vida que habría llenado de pinceladas de sueños de infancia. Un reflejo en el agua la trajo de nuevo a la realidad y, al levantar la vista y bajar los lentes de sol que traía puestos, se encontró con la mirada azul de Esteban y su esbelto cuerpo de modelo pidiéndole permiso para usar la escalerilla.

  • ¿Eres la obsesionada con la lectura que se sentaba en el mismo lugar todas las mañanas, de nueve a doce?

—   ¿Llevabas la contabilidad del tiempo que pasaba sentada?— Emma alzó la ceja y de inmediato se escandalizó al notar que el joven tenía un lunar en la mejilla— Tuve que cambiar el plan ahora que terminé la novela— Agregó y siguió pataleando bajo el agua, evitando su mirada.

Esteban notó el cambio pero no le sorprendió, estaba acostumbrado al rechazo en cuanto las personas descubrían esa parte de sí con la que había nacido y no podía cambiar. Ni quería, se dijo, y siguió nadando.

Emma sintió que estorbaba desde su nuevo punto de relajación así que volvió a su asiento de costumbre y se acomodó, cerrando los ojos y dejando escapar un bostezo. No se dio cuenta de haberse dormido pero, cuando abrió los ojos, encontró un libro sobre su cara. Se lo quitó de encima, tomando asiento y revisando la tapa. Era su novela, la que había terminado la tarde anterior. Frunció el ceño y miró a su alrededor, encontrándose una vez más con los ojos del muchacho que no le quitaba la vista de encima mientras nadaba en la piscina. Se percató entonces de que ya no traía su vestido gris sino la ropa de la tarde anterior, vaqueros y una remera vieja con estampas de su banda favorita.

  • ¿Alguna vez probaste todas las opciones de una cafetería?
  • ¿Esta es tu excusa para invitarme a tomar café?— Esta vez, incluso aunque tenía curiosidad, Emma se contuvo para no prestar atención al lunar de su mejilla.

—   De hecho, pretendía pagar mi parte y que tú pagaras la tuya. ¿Ninguno de los dos quiere que sea una cita oficial, verdad?

Emma rodó los ojos pero no pudo evitar regalarle una sonrisa, algo a lo que su rostro no estaba acostumbrado desde hacía años. Siguió al extraño hasta la cafetería del hotel, haciendo una pausa para que se secara el cabello a sacudidas, como si fuera un perro, y se pusiera la bata por encima del traje de baño. Le contó su historia mientras daban un vistazo rápido al menú; su sueño era dedicarse por entero a la fotografía así que viajaba por el mundo trabajando en lo que se le ofreciera, viviendo en donde el dinero le permitiera y guardando recuerdos en álbumes de los cuales seleccionaría material para exponer.

  • ¿Y tú quién eres?— Preguntó, mientras sacaba una foto a la reacción del mozo cuando pidieron todo lo del menú.
  • Ya te dije. Emma.

—   No, ese es el nombre que te eligieron tus padres. Algo que ellos, con las mejores intenciones, quisieron para ti— Explicó, cargando con las bandejas hacia la puerta que daba al exterior desde donde veríamos el atardecer mientras probábamos un poco de todo— Mi pregunta fue otra.

Le contó, entonces, que ella acababa de obtener su licenciatura en comunicación con las mejores calificaciones y que pronto estudiaría en el extranjero, donde su esposo había conseguido un trabajo temporal. Quizás, algún día, podría trabajar en una editorial o ser profesora.

—   Creo que sigues sin entender la pregunta— Apoyó la cabeza sobre su mano, con el cuerpo expendido sobre el pasto húmedo— No quiero saber lo que las personas quieren para ti ni las influencias de los otros en tus ideales. Quiero que dejes la hoja en blanco y la llenes con tus colores.

El problema era que ella había olvidado sus colores. Le ponía nerviosa que él esperara su respuesta en silencio, sin impacientarse para seguir hablando sobre sí mismo. Si había querido conocerla no era por pura cortesía, realmente deseaba saber y ella se sentía en la obligación de compensar su curiosidad con algo interesante, aunque su paleta estuviera vacía en aquellos momentos.

  • ¿Qué dicen tus padres de esto?— Susurró ella y no especificó si se refería a viajar por el mundo sin un trabajo estable o… el lunar.

—   No lo sé— Se encogió de hombros y acabó la última taza de café— Aprendí a vivir mi propia vida y se siente grandioso, te lo recomiendo.

Con esto se marchó. Ella no sabría decir si lo había ofendido o si se habría aburrido de esperar respuestas a su pregunta, de cualquier forma, ella no tenía ganas de regresar a su habitación. Cerró los ojos y apoyó su espalda en el pasto, apretando los puños cuando, al abrirlos de nuevo, se percató de que el sol estaba saliendo pero su ropa era la del quinto día en el hotel.

—   Emma, tus padres llamaron para recordarte que envíes tu aplicación para el postgrado— Le recordó su esposo en cuanto ella regresó a la habitación, siquiera le preguntaría donde había estado porque se hallaba concentrado en la pantalla de su computadora, respondiendo mensajes.

Ella recordaba haber mandado la aplicación y llamado a sus padres para hablar al respecto pero, tomando en cuenta que el tiempo parecía moverse en reversa, no le sorprendía tener que repetir sus actividades. No lo hizo, sin embargo, prefirió esperar hasta la mañana siguiente y concentrarse en disfrutar su día.

  • ¿Quieres ir a hacer algo?— Preguntó, frotándose el cuello.

—   Por supuesto, ven aquí— Se tomó entonces una foto con ella, sonriendo como si la estuvieran pasando de maravilla, y la subió a las redes sociales para luego poder regresar a la mensajería de su correo electrónico.

A ella le hubiera gustado preguntar si eso era todo lo que planeaba para el resto del día pero imaginó que estaría demasiado enfocado como para prestarle atención, así que se dirigió a su lugar habitual en la piscina.

  • ¿Alguna vez anduviste a caballo con los ojos vendados?

—   Siquiera anduve a caballo alguna vez— Esta vez, la sonrisa se plantó enseguida, como si hubiera estado esperando su voz como señal para aparecer.

Esteban la condujo entonces a la parte trasera del hotel en donde un señor alimentaba los caballos que servían a las parejas de recién casados o niños pequeños para recorrer los alrededores, a veces con guías o por cuenta propia. Pidieron uno, porque a Emma le daba miedo andar sola, y él la ayudo a montar antes de tomar asiento a sus espaldas y envolver sus caderas, para tomar las riendas entre sus manos.

  • Los esclavos de la cotidianeidad son ciegos— Exclamó él mientras cubría los ojos de ella con un pañuelo y lo ataba con delicadeza— Ven los mismos paisajes todos los días como si fueran libros de texto y los retratan en sus mentes. Ya no se maravillan porque creer conocerlo todo de memoria, pero el secreto está en encontrar algo nuevo y dejarlo ir. Aferrarse es el error.
  • Pero ser fotógrafo significa aferrarse a los paisajes que ves— Lo contradijo ella, cuando él se ataba su propio pañuelo— Quizás no los reproduzcas en tu mente de memoria, pero no los dejas escapar.

—   Es parte de la naturaleza humana querer apropiarse de las cosas y no dejarlas escapar, da motivos a nuestra existencia y nos hace creer poseedores de un valor y poder del que carecemos.

No se molestó en cuestionarse por qué ella sabía que le interesaba la fotografía, asumió que la cámara profesional que traía consigo lo delataba y continuó su camino entre los árboles de los alrededores y hasta el río en el que se detuvieron. Andar con los ojos tapados, confiando en el instinto del animal, les permitía concentrar sus sentidos en un sinfín de aspectos en los que hasta ahora Emma no se había fijado. Martillos de construcción ampliando la sala de juegos del hotel, niños riendo en la piscina y, más tarde, pájaros que formaban sus nidos, insectos entre las hojas secas del suelo y agua que fluía, trayendo paz a quienes sabían apreciar su melodía.

Cuando se quitó el pañuelo, Emma se encontró con el techo de su habitación y sintió las mantas contra su espalda en lugar de la calidez de la espalda de Esteban y los latidos de su corazón en armonía con los sonidos de la naturaleza. Estaba de vuelta en su cuarto, durante lo que parecía el cuarto día en el hotel, acostada junto a su marido que todavía roncaba a pesar de los rayos sol que se colaban por la ventana para forzarlo a comenzar sus actividades. No perdió tiempo y se dirigió a la piscina con la única intención de reencontrarse con Esteban y revivir las escenas de los anteriores días, lo que nunca se permitía ya que, con él, cada momento sería diferente al anterior y cada propuesta sería igual de especial que la planteada con anterioridad.

—   ¿Alguna vez te ofreciste de voluntaria para leer a los niños en la biblioteca?

Entonces, pasarían la tarde en el centro de un grupo de infantes que esperaban ansiosos a que comenzara el horario de lectura. Emma había seleccionado su ejemplar favorito pero él se lo quitó de las manos antes de sentarse a su lado con las piernas cruzadas, exigiendo que inventara la historia en el momento. No sería un gran desafío considerando que venía haciéndolo desde que tenía memoria; creando historias al despertar, durante cada momento y frente a cada situación que se le planteaba, y entre sus cavilaciones antes de conciliar el sueño por las noches, incluso mientras dormía, aunque a veces no pudiera recordarlo. Escribir esas historias, en cambio, era algo que nunca había hecho porque asumía que a nadie le interesaría escucharlas. Incluso ahora, frente a los niños, su frente se perlaba de sudor al tener que compartir algo que no los aburriera.

—   No lo pienses demasiado, solo cuenta lo que se te ocurra— Le incitó y ella asintió, mordiendo su labio inferior antes de comenzar.

Descubrió un sentimiento de la infancia que creía haber olvidado, la magia de ser elogiada por hacer lo que realmente le gustaba. En el mundo de los adultos, triunfar siguiendo el camino de los sueños era un mito para ingenuos pero, rodeada por miradas curiosas y expresiones de placer y asombro, Emma se planteó traer sus ideales de entre las cenizas y luchar por hacerlos realidad. ¿Era la aplicación para el postgrado lo que la haría feliz? ¿Trabajar en una editorial o como profesora en escuelas? No, ella no quería volver a tener que sostener un libro ajeno en sus manos nunca más. Era tiempo de sostener los suyos propios, de arriesgarse a lo que las críticas pudieran comentar sobre ellos y de enseñárselos a los niños de las bibliotecas que, como ahora, la observarían con atención esperando el desenlace que traería consigo sus aplausos.

—   ¿Alguna vez pintaste una pared en ropa interior?

Era el tercer día desde que había llegado al hotel y, aunque cualquier persona se hubiera espantado de estar moviéndose al revés en el tiempo, ella no podía estar más agradecida. El encuentro, esta vez, tiñó sus mejillas de un rojo intenso y no pudo evitar golpear el hombro de Esteban como si con ello quitara la desilusión que su comentario había causado en su corazón.

  • Toma un segundo para analizar tu traje de baño— Ofreció él, frotando su brazo y haciendo pucheros— ¿Cuál es la diferencia que la sociedad encuentra entre las prendas, además de sus nombres?

—   ¡Las funciones!— Se quejó ella— Unas sirven para nadar y las otras…

¿Para abrigarse? ¿Para que los pantalones y camisas no estuvieran en contacto directo con la piel? Sinceramente, Emma no le encontraba sentido y, ahora que se ponía a analizarlo, descubría a lo que se refería Esteban cuando decía que quienes vivían en la cotidianeidad estaban ciegos. La gente estaba tan acostumbrada a las tradiciones que traen de familia que deja de plantearse las razones por las que obran o piensan de determinada manera, las razones por las que censuran o juzgan de igual forma que sus ancestros.

  • …Siquiera los trajes de baño sirven de mucho para nadar, podríamos hacerlo desnudos sin ningún inconveniente— Argumentó él, mientras se cambiaba en el cuarto que el hotel había cedido para que pintaran, dado que los constructores seguían enfrascados en la ampliación de la otra sala.
  • Lamento haberte juzgado por el lunar— Interrumpió ella, sosteniendo la brocha una vez fuera del vestuario en el que había cambiado su traje de baño por ropa interior que, de hecho, incluso eran del mismo color.

—   No hay problema, estoy acostumbrado.

La sociedad consideraba a las marcas del rostro como impurezas que determinaban, desde el nacimiento de una persona, el rechazo del Creador hacia su Obra. Nadie se acercaba a los marcados por miedo a que pudiera ser contagioso.

—   Estas pintando todo de un mismo color—Señaló y ella se detuvo, lo había hecho de forma inconsciente pero descubrió que así de lisa era su vida, diseñada de forma en que pudiera satisfacer los deseos de los demás— No digo que este mal, solo me pregunto si lo haces porque se supone o porque realmente te gusta de esa manera. ¿Quién eres?

De nuevo la misma pregunta y ella todavía no encontraba una forma apropiada de contestarle, era su turno de escapar antes de que él volviera a hacerlo. Se refugió bajo las sábanas y junto al cuerpo dormido a su lado, debatiéndose entre volver a dormir o quedarse allí, admirándolo. La primera opción significaba, de seguro, seguir adentrándose en el pasado. Hacia lo nuevo y desconocido. Mantenerse despierta era el presente y un futuro que, a pesar de suponer algo nuevo, representaba una realidad conocida y esperable que no sorprendería a Emma porque giraba en torno a una rutina a la que estaba acostumbrada y seguiría acostumbrándose. Lo fácil y seguro. No estaba convencida de querer volver al mundo de Esteban, donde cada instante era otra sorpresa y una pregunta que la haría conocerse más y darse cuenta de las cosas que la rodeaban. Había estado ciega pero por miedo a encandilarse cuando abriera los ojos, no estaba segura de querer cambiar eso, de dejar su comodidad para saltar al vacío.

Al segundo día, se tomó su tiempo para bajar las escaleras y, cuando llegó a la piscina, él no estaba ahí. Recorrió los pasillos y habitaciones pero no había rastro de Esteban, había desaparecido. Preguntó en recepción y le dijeron que no había ninguna persona inscripta con ese nombre por lo que, ella entendió, él llegaría esa misma tarde. La noticia la hizo darse cuenta de que, a medida que volviera al pasado, seguiría alejándose de él y de las cosas que podría aprender a su lado. ¿Pero hasta cuándo? ¿Cuánto duraba aquella maldición? Pronto se daría cuenta que no mucho, sino hasta el día anterior a la mañana cuando tendría que tomar la decisión de la que se había arrepentido. Su casamiento.

La próxima vez que se vieron, fue undoce de setiembre, en el mismo hotel:

  • ¿Eres la obsesionada con la lectura que se sentaba en el mismo lugar todas las mañanas, de nueve a doce?

—   ¿Llevabas la contabilidad?

Ella lucía aquél vestido gris pálido que apenas tapaba sus rodillas, su espalda al descubierto y el cabello castaño atado con una bandana roja, pero esta vez viajaba sola y sacudía sus pies descalzos en el interior de la piscina porque quería saber cómo se sentía, no porque estuviera aburrida o esperando a que alguien la llevara a casa.

  • ¿Te conozco de algún lugar?—Él tomó asiento a su lado, en el borde de la piscina, y clavó sus ojos azules en los suyos, castaños.

—   No lo creo, es el primero de los muchos viajes que haré en busca de inspiración para mi novela. Voy a buscar un agente, presentar mis trabajos en editoriales y dedicar mi vida a traer esperanza y aventuras a las vidas grises de los ciegos que viven encerrados en su cotidianeidad.

Esteban parpadeó, sorprendido, y se acercó para posar sus labios sobre los suyos en un beso casto y lleno de dulzura. Luego se separó y, con una guiñada, le preguntó:

—   ¿Alguna vez…?

 

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