Las Tablas de Daimiel o el milagro del agua

    Nos asomamos en esta ocasión a otra de las joyas de nuestro patrimonio natural, uno de los humedales más importantes de la península ibérica y de Europa, uno de los parajes naturales más impresionantes y complejos y, al mismo tiempo, un enclave natural vapuleado y esquilmado por la codicia humana. Vayamos al principio.

    Data de principios del siglo XIV la primera referencia histórica de este territorio, que surge como un milagro en lugar de la nada, en lugar del secarral más implacable, como un oasis en mitad de un desierto. El Infante Don Juan Manuel lo describe entonces como un sitio “ideal para todas las cazas”. Será más tarde Felipe II el que, consciente de la importancia de este territorio, recoge en sus Relaciones Topográficas  que “se guardasen muy bien”. Sin embargo, la verdadera explosión la tiene en el siglo XIX, cuando unos cuantos, además forasteros, explotan masivamente las Tablas como terreno de caza. Los lugareños se afanan por defender el carácter público de estas aguas.

    Las Tablas estaban ya enfermas de codicia, unos cuantos ven en la caza un lucrativo negocio, disparándose todo tipo de especulaciones. Esta actividad económica y depredadora desmesurada aviva la polémica con los lugareños sobre la titularidad de los territorios. En 1953, una Orden prohíbe definitivamente la cacería de patos en las Tablas. A partir de este momento comienza una carrera predatoria y a veces sin sentido: los intereses se mezclaban, dando lugar a una batalla en la que se enfrentan científicos, ecologistas, políticos, lugareños, agricultores, pugnando porque las Tablas conserven su verdadero carácter de ecosistema frágil y valioso. En 1973 se declara Parque Nacional.

    Esta declaración podría suponer la salvación definitiva, sin embargo, los labradores, grandes y pequeños comenzaron a hacer un uso sobredimensionado del agua del acuífero 23, lo que fue dejando sin aportes hidrológicos la llanura que forman las Tablas. Miles de pozos fueron perforados en los alrededores, bajando ostensiblemente los niveles del acuífero. Varias veces se han incendiado las turbas, y al final ha sido necesaria la intervención del estado aportando agua  artificialmente al humedal.

    Este no es el sentido del humedal, los ecologistas reivindican que sea el propio humedal el que se autorregule de forma natural. Los años 2008 y 2009 han sido terribles para ñas Tablas, volviendo los viejos fantasmas de los incendios de las turbas. Nuevamente la administración se ha puesto en marcha para salvar este valioso ecosistema, pero las aguas de este invierno hicieron innecesaria la utilización de las tuberías instaladas desde el Guadiana directamente a la zona encharcable.

    Hoy, los viajeros que recalan en nuestros alojamientos contemplan maravillados tanta belleza, una visita a las Tablas al atardecer nos hará entender toda la magia de este milagro de la naturaleza.

Anuncios

Acerca de Hotel Rural La Morada de Juan de Vargas

Soy Una casa del Siglo XVI, convertida Restaurada y en las Naciones Unidas Con Pequeño hotel de encanto en Villanueva de los Infantes.
Esta entrada fue publicada en Tablas de Daimiel. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s